¡No te alejes de los dominios!

lunes, 7 de noviembre de 2016

Mestizo. La Era de los Místicos:
sinopsis + portada

¡Ey, adalides del Dominio Exterior! ¿Cómo están? Yo encantada de volver al universo de los dominios... Y bueno, seguramente ya han visto esta información por ahí, pero estarán de acuerdo conmigo en que no puede faltar en este sitio, aunque haya llegado un poco tarde, pues ya tenemos en librerías el primer ejemplar de esta nueva trilogía de Adriana González Márquez.

Total que... ¡aquí vamos!


MESTIZO
-LA ERA DE LOS MÍSTICOS #1-

Sinopsis: Cuando Matheo Govami decidió separarse de sus amigos, lo hizo creyendo que sólo así sanaría la herida de su corazón. Más de veinte años después, el dolor aún continúa, y ahora sus problemas son mucho mayores. Sobre él pesa una acusación muy grave que debe esclarecer antes de que las autoridades lo condenen. Pero eso no es lo peor: los Místicos están decididos a vengarse de la especie humana por la traición cometida contra su raza. En medio de estos conflictos, Matheo aprenderá que los verdaderos amigos podrán no estar cerca, pero nunca se alejarán, y que para sanar una herida a veces hay que exponer el alma.


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miércoles, 21 de septiembre de 2016

La Era de los Místicos:
"Crónicas de los dominios" prólogo 5
(y último)

¡Ey! ¡Paladines y Cerrajer@s! ¿Cómo están? Yo muy emocionada, porque como sorpresa adicional, Adriana González comparte con nosotros este último prólogo, que nos presenta algo más sobre un personaje completísimo como lo es Matheo Govami... ¿nos acompañan a leer?

***

Acá va:


¿CÓMO SABER QUE UNA TRAMPA ES UNA TRAMPA?

Matheo

            Eran más vagones de los que la Congregación había supuesto y, por lo tanto, más de un solo ladrón, como me habían mencionado en el reporte.
            Eran tres carrozas, más de veinte hombres, y los cargamentos no se trataban nada más de Flores Balsámicas como se creía en un inicio.
            No, dos de aquellos carros iban llenos de rocas.
            Observé a los presuntos delincuentes a través de las ramas del alto árbol en que me encontraba trepado, utilizando un Hechizo de Visión para lograr distinguir lo que sucedía en medio de la oscuridad.
            Algo andaba mal, eso me quedaba muy claro: o la Congregación contaba con información completamente errónea, o esto se trataba de una trampa.
            Ya fuera para los malhechores o para mí, estaba por verse.
            Además, me habían dicho que me enfrentaría con un simple bandido de poca monta, pero estos sujetos iban armados y lucían fuertes, entrenados; lo peor era que sus energías espirituales se sentían potentes, recordándome un poco a aquello que podía percibir proveniente de los cerrajeros que conocía.
            Sí, algo andaba mal.
            Pero eso nunca me ha detenido.
            Me dejé caer ágilmente sobre uno de los vagones que en ese momento transitaba bajo el árbol, invocando un breve Hechizo de Transportación para aterrizar sin hacer ruido sobre el cargamento, tomando un puñado de piedras sin pulir para luego guardármelas.
            ¿De qué se trataba todo esto? Lo monetario no tenía valor en los Dominios del Ónix Negro, por lo tanto, las rocas, como lo había dicho ya una vez hacía muchos años, son sólo rocas. ¿Entonces para qué transportar a media noche dos carrozas repletas de diamantes, rubíes y fluoritas?
            Sonreí.
            Tal vez sería bueno preguntárselos; nunca me ha gustado quedarme con la duda.
            Tomé impulso doblando las rodillas y después brinqué, dando varios giros en el aire antes de caer de pie frente al primer cargamento, alterando al caballo que tiraba del vagón, que de inmediato se detuvo alzando los cuartos delanteros y luego dando unos pasos hacia atrás.
            Se creó el silencio, mientras todos los hombres que vigilaban el avanzar de las carrozas me observaban entre sorprendidos, asustados y furiosos.
            —¡Hola, muchachos! Mi nombre es Matheo Govami, adalid de primer rango. ¿Ustedes quiénes son? —exclamé con una enorme y fingida sonrisa, recibiendo ceños arrugados como única respuesta—. ¿No se quieren presentar? —proseguí falsamente alegre—. En ese caso, ¿les gustaría decirme a dónde van?... ¿No? ¿Nada?... ¿Qué me dicen de la razón por la que van resguardando un montón de piedras sin uso ni valor?... ¿Tampoco?... Bien —suspiré—. Por la mala, entonces —mi sonrisa se borró al tiempo en que sacaba las cimitarras de las fundas a mi espalda, momento en que los dos primeros hombres se lanzaron hacia mí.
            Detuve sus ataques con facilidad, propinando los míos y noqueando a uno con el mango de la espada para luego propinar una patada al estómago del segundo, pero entonces otro más se unió a la pelea, y otro más, y otro…
            Llegó el punto en que luchaba contra cinco a la vez, deteniendo sus estoques en lugar de poder atacar, dándome cuenta muy tarde que debí de haberle hecho caso a mis propias observaciones: estos sujetos estaban bien entrenados, tanto en el manejo de las armas como en el uso del alma; me cercioré de esto último cuando uno de ellos me lanzó una descarga de energía en la nuca, haciéndome caer con fuerza hacia adelante.
            ¿Por la espalda? ¿En serio? ¡Qué hipócritas! —proferí cuando cuatro de los hombres me sujetaron, pero ahora fue mi turno de aflorar mi energía para librarme de ellos, logrando que explotara por cada uno de mis poros hasta hacerlos volar unos metros.
            Me puse de pie y conseguí herir a uno más en un brazo y a otro una pierna, uniendo las cimitarras para luego lanzarlas como boomerang y derribar así a seis más.
            Cuando mis espadas volvieron a mí, otra descarga de energía, ésta todavía más fuerte, golpeó mi rostro, mi pecho y mi estómago, partiéndome el labio inferior, lastimando mi nariz y arrancándome el aliento, por lo que trastabillé un par de pasos.
            Un sujeto caído tras de mí aprovechó mi malestar y distracción para enterrarme su espada en el muslo con profundidad, herida que de inmediato comenzó a sangrar profusamente.
            Un buen guerrero sabe cuándo pelear, pero también cuándo retirarse.
            Y éste era mi momento de escapar.
            Corrí varios kilómetros a pesar del intenso dolor en la pierna y, al darme cuenta de que no podría más, hice uso de toda la energía espiritual que pude para crear un rápido portal que me llevara hasta el poblado de Numandi, en donde Adahara me estaba esperando en la posada.
            Y entonces…
            Mmmh…
            Creo que me estoy adelantando en mi narración… ¿O me estaré atrasando?
            Perdón. Nunca antes había tenido que contar la historia más importante de mi vida, así que tendrás que ser paciente conmigo.
            ¿Pero por dónde empezar?
            …
            ¡Ah, ya sé!

            Justo en donde nos quedamos la última vez…

miércoles, 24 de agosto de 2016

La Era de los Místicos:
"Crónicas de los dominios" prólogo 4

¡Paladines y Cerrajer@s! 
¿Qué tal? ¿Cómo están? Ha llegado la publicación del último prólogo prometido, y -al igual que yo- espero que hayan disfrutado de este pequeño adelanto que Adriana González nos ha preparado, para ir afilando nuestros colmillos y poder hincarlos de manera muy profunda, una vez que Mestizo sea publicado ♥

Y acá va:

***



INTERRUPCIONES


Erick

            Una lenta sonrisa fue emergiendo en mi rostro, y eso que aún no me encontraba completamente despierto. Mi gesto se debía a la sensación de unos suaves labios sobre mi estómago, esparciendo perezosos besos sobre toda la extensión de mi piel.
            Alcé una mano y, sin abrir los ojos, la situé sobre la cabeza de mi compañera de vida, enterrando mis dedos entre los mechones oscuros para de esa manera ir guiando sus caricias hacia mi pecho, pasando por mi cuello, hasta que finalmente su boca se encontró con la mía.
            -Buenos días –murmuró Nessa contra mis labios, una vez que nuestro beso terminó.
            Abrí los ojos hasta entonces, sorprendiéndome como siempre ante la belleza que se encontraba entre mis brazos; a mi alma seguía sin afectarle el hecho de que ya llevaba junto a aquella mujer más de un cuarto de siglo, pues aún continuaba vibrando cada mañana, cuando mi mirada se posaba en Vanessa al despertar.
            Es en instantes como esos cuando aún me cuesta trabajo creer que ella es mía.
            -Buenos días –respondí por fin -¿Estás cómoda? –pregunté cerrando fuertemente mis brazos a su alrededor, ya que Nessa se encontraba recostada con la totalidad de su cuerpo sobre mí.
            -Mucho –contestó con una traviesa sonrisa.
            -Es bueno saberlo, porque de aquí no te dejaré mover en un buen rato.
            -¡Mamá! ¿Dónde están mis botas negras? –el grito de Dorian nos arrancó una irónica carcajada a los dos.
            -¿Decías? –inquirió Nessa alzando una ceja.
            -¿A qué hora quedó Dem de pasar por ellos?
            ¡Gracias a todo lo que es sagrado por abuelos orgullosos! pensé.
            -A las ocho. El viaje es largo y no lo harán todo a través de portales, por lo que quiere marcharse temprano –respondió mi compañera de vida intentando disimular la preocupación en su voz.
            Esta era la primera vez que nuestros hijos estarían lejos de casa desde su nacimiento, ya que Dem los llevaría con él a conocer la Isla de Karnath. Tanto él como yo habíamos batallado bastante en que Nessa diera su consentimiento, y al final fueron Dorian y Arabela quienes terminaron por convencerla, rogando de forma incesante hasta que su madre aceptó.
            -Estarán bien, amor –le dije mientras acariciaba su espalda en un intento por tranquilizar sus temores –Dem hizo un buen trabajo cuidando de ti y de Andrés.
            -Lo sé. Y confío plenamente en mi padre… ¡Pero mi hermano y yo no éramos tan traviesos como tus hijos! –exclamó burlona -¡Recuerda que tienen tus genes!
            -¡Oh, sí! ¡Sí que los tienen! –contesté girándome hasta quedar ahora yo sobre ella –Y piensa nada más en toda la experimentación genética que podremos hacer durante dos semanas sin “papá, me duele el estómago” o “mamá, Dorian no me devuelve mi muñeca favorita” o “papá, Ari me está pegando y tú me dijiste que a las niñas no se les golpea, así que ¿qué puedo hacer para quitármela de encima?” o…
            -¡Mamá! ¡Tengo hambre! –el grito ahora de Arabela se encargó de ejemplificar mi punto en el momento más preciso.
            -¿Ves? –agregué mientras ambos volvíamos a reír.
            -Tienes razón.
            -Yo siempre tengo razón.
            -No nos vayamos tan lej…
            La silencié con un nuevo beso que rápidamente cobró intensidad, Nessa rodeándome con brazos y piernas al tiempo en que mi cuerpo iba embonándose al de ella a la perfección.
            En instantes así era en los que me felicitaba a mí mismo por todas las modificaciones que le había hecho a la cabaña, comenzando por habernos construido una recámara nueva para Nessa y para mí, con sus cuatro paredes completas más una puerta con cerrojo, pues fue exactamente entonces que Dorian comenzó a tocar.
            -¡Mamá! ¡Papá! ¡El tío Belyan está aquí!
            Levanté la cabeza para después dedicarle a Nessa una mirada de confusión que ella me devolvía.
            -¿Esperabas a tu hermano? –inquirió.
            -No. La última vez que nos vimos me dijo que él y Lórimer vendrían hasta después de que los niños volvieran de su viaje, para ayudarme con su entrenamiento.
            -¡Papá! ¿Qué le digo al tío Belyan? –la pregunta de Dorian interrumpió cualquier otro intento de conversación.
            -Dile que ya vamos –le contesté finalmente a mi hijo, mientras que Nessa y yo nos poníamos de pie, vistiéndonos con rapidez para luego descender juntos al primer piso.
            -¡Mamá! ¡Todavía tengo hambre! –exclamó Arabela al vernos, sentada cómodamente sobre los brazos de su tío.
            Por un instante ni mi compañera de vida ni yo contestamos, dándonos cuenta de que la situación debía de ser bastante seria, tan sólo con echarle un vistazo a la expresión de mi hermano.
            Nessa reaccionó primero que yo, saludando a Belyan con un beso en la mejilla (una costumbre que se había traído del Dominio Exterior y que ahora toda la familia usaba), para luego tomar a nuestra hija entre sus brazos.
            -¿Qué te parece si tú, Dorian y yo preparamos el desayuno en lo que papá y el tío Belyan cortan algo de leña? –las últimas palabras las pronunció mirándome, a sabiendas de que tanto Ari como Dorian odiaban cortar leña, por lo que nos estaba dando la excusa perfecta para que saliéramos de la cabaña a hablar.
            -Suena bien –aceptó mi pequeña.
            -¿Dorian? ¿Tú qué dices?
            -¿Papá? –inquirió mi hijo sin contestarle a su madre, dirigiéndome una mirada suspicaz.
            Le dediqué una sonrisa inmediata, pensando que jamás me hubiera imaginado amar tanto a alguien más que no fuera Nessa, y sentirme tan irremediablemente orgulloso de ellos.
            -Ayuda a mamá, Dorian.
            -¿Seguro que no me necesitan? –cuestionó con seriedad.
            -¿Quién crees que te necesita más? ¿Tu tío y yo con la leña o tu madre con el desayuno?
            -Buen punto.
            -¡Hey! –gritó Nessa al tiempo en que todos reíamos -¡Pero si ya cocino mejor que antes!
            -Por supuesto, amor –le dije para después besarla suavemente en los labios.
            Segundos más tarde, Belyan y yo salimos juntos de la cabaña.
            -¿Qué ocurre? ¿Sucede algo malo? –pregunté cuando nos alejamos lo suficiente de mi hogar.
            -Sí, hermano. Sí sucede algo malo.
            No pude detener la tensión que me invadió de golpe.
            -¿Por qué? ¿Qué ocurre?
            -No vas a creerlo, Erick –profetizó; y tuvo razón, porque cuando terminó de hablar, yo no podía creerlo-. Se trata de Matheo…