¡No te alejes de los dominios!

lunes, 11 de noviembre de 2013

Capítulo 18 (narrador en tercera persona)

Libro 2 – Capítulo 18 – Recuerdo de Erick

            Aquella noche era más oscura de lo normal, más profunda, más solitaria, pero en realidad aquello no le importaba en lo absoluto. Acostado sobre la delgada manta, con la pequeña fogata a su lado y las estrellas adornando el firmamento, a Erick esa noche se le antojaba perfecta e inusual.
            Se había escapado de casa otra vez; tenía planeado volver -en un par de días, pensó sonriendo-, porque en realidad no le agradaba pasar tiempo alejado de su familia, de Lucian o de su entrenamiento, lo que le fascinaba era la sensación de euforia de la huida, la descarga de adrenalina que le producía hacer algo inapropiado.
            Se rió. Sabía que tarde o temprano tendría que aprender a comportarse debidamente, o nunca llegaría a ser un paladín de verdad, pero a sus trece años aquello en realidad no importaba tanto, le quedaba muchísimo tiempo por delante antes de dejar de divertirse.
            Los ojos comenzaron a cerrársele; estaba cansado después de aquel día de caminar sin parar y de haber cazado el conejo para la cena, por lo que ahora el agotamiento poco a poco iba apoderándose de él. Fue por eso que cuando comenzó a escuchar los gritos, por un momento creyó que se trataba de un sueño; le tomó más de diez segundos darse cuenta de que las voces no provenían de su cabeza, sino de algún lugar cerca del camino principal, ese que llevaba desde el portal que había atravesado esa tarde –en la base del Volcán de Larnan- hasta el poblado de Caffy’nor, que se encontraba a un par de kilómetros de donde él acampaba.
            Se levantó rápidamente y enseguida apagó la fogata, guardando sus pertenencias en el morral que llevaba consigo y en instantes avanzando hacia el sitio en donde la conmoción se situaba. Le tomó poco tiempo descubrir de quién se trataba; por un momento se asustó, creyendo que sus padres y su tío finalmente habían tenido suficiente de sus escapes y habían mandado al Círculo de Paladines a buscarlo. Frunció el entrecejo ocultándose entre un par de gruesos árboles… No, no era así. Hablaban de un muchacho, pero después de unos instantes se dio cuenta de que su nombre no había sido mencionado en lo absoluto, a pesar de reconocer ciertas caras que le resultaban familiares entre todos los paladines que iban y venían en los alrededores de Caffy’nor.
            Si, un muchacho… Buscaban a un muchacho… Poderoso… ¿Su padre lo había obligado a qué? Erick tragó saliva al escuchar todo lo que aquel chico había hecho. No alcanzaba a oír las conversaciones completas, pero había sido capaz de captar ciertas cosas, como que el padre de aquel joven lo había forzado a robar, a estafar y a torturar personas con el poder de su espíritu. ¿Cómo era posible? Nadie debía de tener el derecho de usar así la energía de su alma… ni de obligar a alguien a hacerlo…
            Los paladines tenían que rescatar a aquel chico, librarlo de las garras de su ambicioso y malvado padre. Sólo que fue entonces que Erick escuchó los planes del Círculo: al hombre ya lo habían capturado y enjuiciado, pero al muchacho lo buscaban para matarlo.
            Jadeó al escuchar el veredicto de aquellos hombres y mujeres que tanto admiraba. ¿Matar a alguien tan sólo porque era forzado a hacer el mal? ¿Matar a alguien simplemente por que su educación no había sido la correcta? No… ¡No! Eso estaba mal, no era lo correcto… Y él tenía que hacer algo.
            Erick soltó el morral y se sentó en el suelo con prontitud, regulando su respiración y poniéndose en contacto con su espíritu tal y como Lucian le había enseñado tantos años atrás. Con una velocidad impropia de su edad, fue capaz de concentrarse hasta expandir su alma para reconocer todo aquello que le rodeaba. No le tomó mucho dar con la energía de ese otro chico, puesto que era poderosa, implacable, asustada y tan joven como la de él, todo al mismo tiempo, en una combinación que se percibía agitada y completamente atemorizada. Lo localizó en cuestión de segundos y olvidándose de sus pertenencias se puso de pie de un salto y comenzó a correr hacia el otro extremo del pueblo, cuidando que los paladines del Círculo no fueran a percibirlo a él.
Cuando finalmente llegó al escondite del muchacho, se detuvo en seco al darse cuenta de que el joven rubio se alzaba de inmediato y sin siquiera pronunciar palabra descargaba un potente rayo verde hacia él; a Erick le tomó un par de segundos darse cuenta de que el chico lo estaba arremetiendo, alzando un escudo protector para de inmediato contrarrestar la energía espiritual del otro con la suya propia, haciendo uso del poder del talismán que colgaba de su cuello, para que así sus embestidas tuvieran un poco más de fuerza que las de su atacante, pero no al grado de herirlo demasiado. Su intensión era ayudarlo a escapar, no servírselo al Círculo de Paladines en bandeja de plata.
- ¡Detente! ¡Detente! – le gritaba en medio de cada agresión espiritual - ¡Te puedo ayudar!
- ¡Yo no necesito de tu estúpida ayuda! – gritó el rubio en medio de un gesto de total odio. A Erick le resultaba casi imposible creer que alguien de su edad pudiera manifestar tal grado de amargura en el rostro, en la voz.
- ¡El Círculo te encontrará en cualquier momento! ¡Te puedo ayudar!
Pero el chico no escuchaba de razones, tuvieron que pasar minutos de ataque tras ataque antes de que Erick finalmente lograra someterlo, sentándose encima de él para aprisionarlo por completo.
- ¡Escúchame! ¡Te digo que te puedo ayudar!
No supo si fue el tono de su voz, si fue su mirada, o si simplemente el muchacho se vio vencido, pero por fin detuvo sus movimientos y observó a Erick con cara de pocos amigos, aguardando al siguiente comentario de aquel que lo mantenía sujeto.
- ¿Si? ¿Y cuál es tu gran plan? – espetó con sarcasmo.
- Los puedo distraer – articuló lo primero que se le ocurrió.
- ¿Cómo?
- Me prestas tu gabardina y…
- ¿Así que lo que quieres es robarme?
- ¡Claro que no! Me cubro con la capucha de tu gabardina para que no vean mi cabello. Creerán que soy tú mientras corro en dirección opuesta a la que tú te vayas. Así podrás escapar.
Finalmente el muchacho dejó de retorcerse bajo el peso de Erick: - Está bien. Quítateme de encima.
Renuente, Erick se levantó, pero justo en el instante en que el otro chico se sintió en libertad, disparó un rayo más que obligó a su contrincante a salir volando por los aires, para después comenzar a correr en dirección al pueblo.
- ¿Crees que soy tan ingenuo, idiota? ¡Esta gabardina es mía! – gritó sin dejar de avanzar, al parecer sin darse cuenta de que se dirigía precisamente hacia donde los paladines se encontraban.
- ¡No, espera! – exclamó Erick, pero aquel último rayo lo había dejado sin aliento, por lo que su voz apenas si se escuchó.
En cuanto reunió las fuerzas suficientes se puso de pie, y en un segundo ya se encontraba otra vez corriendo tras el joven; éste se dio cuenta de que casi le daba alcance una vez más, por lo que continuó disparando energía espiritual una y otra vez, que Erick esquivaba con velocidad e intentando adelantársele para detenerlo de nueva cuenta; el problema fue que cada vez se adentraban más Caffy’nor, y los rayos que el muchacho disparaba terminaron por atraer la atención de muchos de los paladines.
Para cuando Erick le dio alcance –justo al llegar a la plaza del pueblo-, el chico se veía rodeado de un sinfín de guerreros, todos con espadas desenvainadas y ballestas que apuntaban justo al corazón del muchacho rubio.
- ¡Deténganse! ¡Deténganse! – gritó Erick en medio de un gesto desesperado, distrayendo a los paladines el tiempo suficiente para que el otro chico disparara un rayo más, que fue capaz de alcanzar a la primer línea del Círculo que se cerraba en torno a él, y de esa manera dándole oportunidad a Erick de llegar hasta su lado.
- ¿Y quién demonios eres tú? – gritó uno de los hombres, acercándose hasta ambos jóvenes con rostro amenazador.
- Es el hijo de Yael. Aprendiz de Lucian – contestó una voz que le resultó ligeramente familiar.
- ¡Vaya que es atrevido! – dijo un paladín más, dando también un paso hacia ellos - ¡Vete de aquí, muchacho! ¡Esto no es de tu incumbencia!
- ¡No van a matarlo! – contestó Erick con mucha más convicción de lo que se esperaba en un chiquillo de trece años.
- ¡Te lo repito, niño! ¡Esto no es de tu incumbencia! ¡La justicia debe aplicarse!
- ¡Esto no es justicia! ¡Es asesinato!
- ¡Drenton, sácalo de aquí!
Uno de los paladines que se encontraba al frente dio un paso hacia delante, pero en su rostro se dibujaba la preocupación, y sus movimientos eran titubeantes.
- Zareck, son sólo un par de críos… ¿No sería mejor…
- ¡Que lo saques de aquí, te digo! – interrumpió el anciano que al parecer estaba al mando de toda aquella operación.
Drenton cerró los ojos y meneó la cabeza, pero obedeció sus órdenes y continuó avanzando hacia los jovencitos; estos últimos se miraron y sin hablar parecieron coordinarse, pues ambos dispararon potentes rayos de luminosidad azul y verde, que se mezclaron haciendo salir por los aires a la mayoría de los paladines. Así continuaron durante lo más que sus espíritus se los permitieron, pero poco a poco la energía de los dos comenzó a menguar, por lo que quince minutos más tarde tres paladines fueron capaces de someter a Erick, alejándolo a jalones del otro muchacho, mientras que él continuaba gritando que aquello no era posible, que esa no podía ser la justicia impartida por los paladines.
Fue en un último acto de valentía, que sacando poder de lo más profundo de su alma fue capaz de liberarse del agarre de los paladines, y justo antes de que un rayo mortal alcanzara al joven rubio, Erick se lanzó hasta cubrir con su cuerpo el del muchacho. Cerró los ojos y elevó una plegaria silenciosa, esperando la última estocada… Sólo que esta nunca llegó.
Respiraba agitadamente, y poco a poco se sintió capaz de abrir los párpados, para darse cuenta de que a él y al otro chico los rodeaban por completo cuatro escudos espirituales, todos de diferentes colores, pero todos de energía que pudo reconocer.
Alzó la vista y en pocos segundos vio como su padre, Dem, Lucian y Thiala se acercaban a ellos, abriéndose paso por entre los demás paladines, hasta llegar justo frente a donde se encontraban tirados en el suelo. Thiala y su padre los ayudaron a alzarse mientras que Lucian y Dem se enfrentaban abiertamente al Círculo.
- Mi aprendiz tiene razón – exclamó su dómine - ¿Es a esto a lo que le llaman justicia?
Las voces se fueron alzando, la discusión dio paso a gritos y reproches, pero ni Erick ni el rubio alcanzaron a escuchar más, puesto que en ese instante Thiala les pasó los brazos por los hombros y con prontitud los guió hasta la taberna vacía del pueblo. Sin decir nada los hizo tomar asiento y le pidió a los encargados que les trajeran algo de comer y de beber.
Ella y su padre se sentaron en una mesa contigua, dirigiéndoles miradas fortuitas y hablando en voz baja, mientras que Erick y el muchacho aguardaban en silencio por lo que fuera a suceder a continuación.
- Soy Matheo – articuló el rubio después de unos segundos.
- Erick.
- ¿Sabes algo?
- ¿Qué?

Matheo suspiró antes de hablar: - Tú si eres un verdadero paladín.

4 comentarios:

irais salazar cepeda dijo...

auuuuu =3 voy a llorar esos 2 si son amigos de los buenos, los que estan en las buenas, en las malas y en las peores!!!

Athena Rodríguez dijo...

¡Exacto! :'3

Denise Arellano dijo...

Yo pensé que Matheo le iba a decir el nombre de su padre a Erik.

Civimay dijo...

Me encantan estas notas adicionales!!!!